Granizo del tamaño de una pelota de tenis: la Vuelta suspende una etapa por primera vez desde 2019
Los corredores buscaron refugio donde pudieron, algunos en un hotel. No hubo ganador, no se tomaron tiempos y la general quedó intacta a 24 horas del primer etapón de Andorra.
Todo el mundo estaba con la calculadora. Dos escapados por delante, el UAE de Tadej Pogacar tirando con fuerza del pelotón, y la aritmética habitual sobre si el margen se sostendría hasta meta.
Entonces la lluvia dio paso al granizo. Bolas del tamaño de una pelota de tenis.
Los corredores buscaron cobijo donde pudieron, y algunos acabaron dentro de un hotel protegiéndose del frío, mientras la dirección de carrera decidía qué hacer. Con el asfalto convertido en una pista de hielo, la decisión llegó rápido: etapa suspendida para salvaguardar la integridad física del pelotón.
Sin ganador y sin tiempos
Minutos después, la organización precisó las consecuencias: no se tomaban tiempos, no había vencedor de etapa y la clasificación general se mantenía exactamente como había salido de Gruissan. Es decir, con Pogacar líder, con nueve segundos sobre Wout van Aert y diez sobre Matthew Brennan.
Todo ello a 24 horas del primer gran etapón de montaña, en Andorra.
El precedente que todos recordaron
No es habitual que una gran vuelta se detenga por meteorología, y cuando pasa, la referencia es siempre la misma: la 19ª etapa del Tour de Francia de 2019.
Aquel día, el mal tiempo y los desprendimientos en la carretera obligaron a neutralizar la etapa a 20 kilómetros de meta. Tampoco hubo ganador, pero los tiempos sí se tomaron: los del paso por el Iseran, penúltima cima antes de Val d’Isère. Eso cambió el Tour, porque Egan Bernal le arrebató el liderato a Julian Alaphilippe y fue proclamado vencedor del día.
La diferencia con la Vuelta de este lunes es exactamente esa. En 2019 se tomó una referencia y la carrera se decidió en un despacho. Aquí no se tomó ninguna, y todo quedó igual.
Aquello, además, fue un caos: motos haciendo señales en pleno descenso, ciclistas desconcertados, discusiones, información contradictoria. Yates y Bernal iban camino de Tignes con 54 segundos sobre el grupo de Thomas, Kruijswijk, Buchmann y Landa, y unos dos minutos sobre Alaphilippe. Había mucho en juego y muchos vieron cómo se les cortaban las alas sin entender por qué.
En comparación, la gestión de Gruissan fue limpia. Nadie ganó nada, nadie perdió nada, y todos llegaron enteros al día siguiente. Que es, viendo lo que le pasaría a Pogacar cinco días después, una fortuna que no se repitió.